El Queso
He sido mala. No me apatecía escribir. Y es un error porque si me bloqueo o me entra pereza para escribir, me vengo aquí y recupero fuerzas. Este blog es una especie de desatascador. Un ejercicio que recupera mis ganas. Los agostos me asquean siempre. Aunque sí que ocurrieron unas cuantas cosas que hicieron este verano diferente a otros veranos: alguna gente se ha ido de mi vida, alguna persona de forma momentánea, alguna que otra, de forma definitiva. Confieso que han marcado fin de etapa y que varias despedidas han sido una liberación. Dicutir por discutir o tragar por tragar es tontería. Los cambios no se pueden forzar, si los cambios son bruscos y fáciles es que tienen que suceder. A veces tengo la impresión de que el destino da a la gente lo contrario de lo que desea hasta que aprende, aprende a no desear tonterías. Mientras que a sus vecinos les da todo lo bueno hasta que de golpe se lo quita y se lo entrega a quien tanto lo ansía. Ahí es entonces cuando se ve si alguien está preparado para "el queso". ¿Si tuvieras queso, qué harías? o ¿qué harías si te quitaran tu queso? Imposible recuperarlo si ya no existe. Imposible conservarlo si no sabes que en cualquier momento desaparecerá. Enloquecer por quesos ajenos, en vez de buscar tu propio queso me parece de memos. Me alegro por el cambio de un ser cercano: encontró un trozo de queso que le arrebataron hace tiempo.
Yo estaba en Brighton y el viernes despedí a una amiga que dentro de una hora exacta habrá llegado a la misma ciudad del sur de Inglaterra a estudiar. También son casualidades de la vida. Un sitio muy recomendable para estudiantes novatos. A mí me dejó buen sabor de boca, a pesar de ese horrendo palacio a lo merengue empalagoso (El
El curso escolar 2006-07 ha finalizado. Algunos de los niños de la ruta a los que acompañé salieron en el periódico. Les montaron una fiesta de despedida el jueves. Los últimos días estaban eufóricos, aunque menos mal, se portaron bien. Ojalá les vaya muy bonito en la vida.
Estoy elaborando un duelo. Me vienen a la cabeza sucesos de mi infancia: buenos, malos y algunos muy olvidados. Juro que no los llamo, se presentan solitos. Se ve que estoy cerrando una etapa. Es una especie de mecanismo resumen para allanar el futuro. Vamos cerrando puertas, para abrir otras nuevas. (Eso es una canción, ¿Verdad?. Diego Torres?. Se me pega todo...) Por un lado vomito todo lo creativo, por el otro relleno el hueco con estudios nuevos. Hasta que no escribo unas cuantas fantasías no soy capaz de asimilar nuevos conceptos. Por fin he asumido que no puedo reprimir mis ensoñaciones.
Hasta he salido por la mañana a respirar, entre granizada y granizada. En fin, me alegro de la nominación de El Laberinto del Fauno, muy decente y honrosa para competir.